Luddismo Sexxxual: El Libro

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TALLER PRÁCTICO DE SQUIRT Y MASAJE PROSTÁTICO

LudditasSexxxuales

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Taller para practicar la eyaculación (Squirt) de cuerpos con glándulas de skene y la localización y estimulación de la próstata en grupo.

Se puede mostrar videos e imágenes con la localización exacta de ambas glándulas.

Duración: una jornada

Requerimientos: espacio con cálidas temperaturas, preferentemente con mantas o colchones por el piso, que permita el juego y la exploración de los cuerpos. Guantes de látex y lubricante en gel. Conviene tener jugos y aguas para revitalizarse durante el juego y durante el descanso.

No es un taller apto para heteronormales.

 

Primera parte: presentación teórica

1. Contextualización de ambas prácticas:

En ambos casos, puesto que Occidente no cuenta con una ars erotica, tanto el squirt como el masaje próstatico se encuentran territorializados y administrados en su visibilidad y uso por el discurso pornográfico heterosexual y el dispositivo médico respectivamente.

El squirt consiste en la eyaculación por parte de un cuerpo biopolíticamente asignado al sexo mujer en el momento del orgasmo o en otro momento. Lo que se eyacula es una sustancia más espesa que la orina (aunque también se puede expulsar orina y pedos) que se encuentran en unas glándulas ubicadas dentro de la vagina, llamadas glándulas de skene. En internet, no se encontrarán ni buenas imágenes ni buena información al respecto. No obstante, las polifacéticas y multitalentosas pornstars nos han demostrado las potencias del squirt que llega a aparecer como un tenue charquito hasta un chorro de un avión a propulsión. La sustancia que estas gládulas eyaculan, y que el cuerpo biopolíticamente asignado al sexo mujer debe re-educar para poder disparar, en vez de retener y apretar -en una clara domesticación de sus potencias vaginales en torno a un pene penetrativo-, es de color claro, con un ligero sabor, y bastante diferente al flujo vaginal usual propio de la excitación.

La próstata es una glándula ubicada a dos centímetros del ano, a la salida de la vejiga urinaria, a la cual se accede tocando la pared interna del recto. Cumple la función de producir parte del líquido seminal. La próstata puede ser estimulada mediante un suave masaje introduciendo uno o dos dedos por el ano, con uñas cortas, o bien con juguetes sexuales. Corrientemente este masaje queda relegado a la práctica médica que recurre a la palpación de la próstata como forma de detectar el posible desarrollo de alguna enfermedad. Sin embargo, este masaje es altamente excitante y escapa a las lógicas de la heteronorma donde el ano del cuerpo biopolíticamente asignado al sexo varón solo es accesible a la tecnología médica y permanece cerrado o bien atado a las lógicas penetrativas dentro de un vínculo homosexual, en el mejor de los casos.

Ambas prácticas aparecen disciplinadas dentro del régimen de poder heterosexual y, en tal sentido, operan de manera directa reforzando la heterosexuación (producción de subjetividad heterosexual) a través de la semiosis pornográfica y el dispositivo médico.

El orgasmo vagital clitoridiano y la eyaculación (para cuerpos con glándulas de skene) aparece invisibilizado dado que estos cuerpos están puestos al servicio de la producción de placer del “varón” hetero. En tanto, el ano del varón es extraído de la producción de placer y la próstata solo relegada al control médico. Dice Beatriz Preciado en Testo Yonqui: “Occidente dibuja un tubo con dos orificios, una boca emisora de signos públicos y un ano impenetrable, y enrolla en torno a estos una subjetividad masculina y heterosexual que adquiere estatus de cuerpo social privilegiado”. (Véase RÉGIMEN FARMACOPORNOGRÁFICO según Preciado en el libro que acabamos de mencionar).

En tal sentido, el masaje prostático y el squirt que proponen este taller promueven la proliferación y la exploración de las potencias de nuestros cuerpos, a contramano del régimen heterosexual. Creemos que estas prácticas colonizadas por la semiosis pornográfica el discurso disciplinario médico pueden ser reapropiadas para tornarse lugares de productivización política disidente.

 

Segunda parte: taller

Uno de los mayores problemas de este taller para que no se reterritorialicen estos discursos antes mencionados es la cuestión de decidir si quienes asisten deben dividirse en función de las glándulas que portan o no. Para ello, las facilitadoras deben proponer una discusión de la cual se desprenda una decisión conjunta acerca de cuál es la dinámica más conveniente para desquiciar el orden heteronormativo y para evitar reproducirlo en una suerte de orgía heterosexual.

Luego de este debate se desarrollan las prácticas de manera grupal o por grupos de afinidad, o por grupos divididos por glándulas, o de otra forma que haya sido acordada por el grupo de trabajo todo.

Las facilitadoras deben atender el desarrollo del taller, y cualquier necesidad de quienes participan. Se recomienda que haya ciertos espacios para que quienes participan puedan descansar para retomar el juego si así lo desean, o mientras aguardan la tercera parte del taller.

Para romper el hielo propio de la vergüenza que estas prácticas nos dan por nuestros condicionamientos recomendamos juegos para comenzar. Por ejemplo, sentarse en círculo y acariciar el cuerpo que está a nuestra izquierda. Ambas glándulas pueden ser estimuladas por mano propia o por la mano de otro, entonces, conviene pedir estimulación a otrx participante si no deseamos hacerlo solxs.

Tercera parte: reflexión del uso de los placeres

Este tercer momento, para quienes así lo desee o lo necesiten, intenta proveer un espacio de diálogo y afectividad. Una suerte de charla informal para hablar de cómo nos sentimos y experimentamos y también para reponernos.

 

 

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Taller: Cómo armar la manada sexo-afectiva

Taller: Cómo armar la manada sexo-afectiva

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Duración: 3 hs. máximo

Primera parte: Dinámicas de relajación corporal.

Lxs facilitadorxs explicar los motivos para realizar trabajos corporales de confianza con otras personas.

1. Juegos:

a) primer juego – presentación: quienes participan se ponen en círculo de pie y una a una dicen a quiénes conocen (dicen los nombres en voz alta), los llevan al centro y se abrazan todas juntas calurosamente. Es deseable que para arrancar lo hagan las facilitadoras.

b) segundo juego: mientras la gente camina aleatoriamente, lxs facilitadorxs van diciendo en voz alta números del 1 al 10, con la consigna que las personas se agrupen espontáneamente de acuerdo a este número (por ejemplo, si decimos 5, tienen que quedar grupos de 5 personas; que no necesariamente sean amigas o se conozcan entre ellas).

c) después del segundo juego la idea es que queden en por lo menos dos o cuatro grupos (la cantidad varía de acuerdo a cuántas personas participan, sugerimos no más de 20 personas por taller, por ejemplo, cuatro grupos de 5 personas cada uno). Se les piden que se tomen de las manos y comiencen a enrollarse sobre sí mismos en espiral hacia el centro de la espiral. Luego, lxs facilitadores unen las manos de manera azarosa de las personas de los extremos (primera del espiral y la que quedo última). La intención es que queden entrelazadxs. Entonces, se les pide que desenrollen sin soltarse las manos, aunque eso no será siempre posible.

d) tercer juego: se les pide que tomen a la persona que quedó a su izquierda del último juego. Se les indica que se coloquen una persona adelante y otra atrás. La persona que queda delante debe mantener los ojos cerrados todo el tiempo, y la de atrás la guiará tomándola de los hombros sin mediar palabra a través del espacio donde se esté realizando la actividad por al menos un minuto. Hay que evitar que la persona que no ve se tropiece, se caiga o se golpee. Luego se cambian los roles y se repite la acción.

Segunda parte: Debate acerca de los aparatos de captura de la heteronorma y el heterocapitalismo

Explicar qué es y cómo funciona un aparato de captura (Cf. Mil Mesetas, Deleuze y Guattari).

Preguntar en voz alta cuáles son los aparatos de captura que reterritorializan el régimen heterocapitalista normativo. Y escribir ya sea en una pizarra o en un rotafolio un ejemplo: el amor romántico.

Este es un momento de tormenta de ideas y lluvia de conceptos donde las facilitadoras hacen hincapié en aquellos aparatos de captura que consideramos más relevantes, como ser la propiedad privada, los celos, la pareja, el copyright etc.

Se puede pedir que reflexionemos acerca de cómo afectan tristemente estas pasiones nuestras existencias.

Tercera parte: Debate sobre los dispositivos de desubjetivación estratégicos.

Explicar que estos dispositivos no constituyen ni recetas ni fórmulas, ni son un manual de conducta del buen disidente queer. Se trata, más bien, de propuestas de ejercicios de exploración y experimentación que posibiliten devenires que acrecienten las potencias de nuestros cuerpos. Es fundamental explicar también la noción de devenir (por ejemplo que no se trata de una identidad, que es siempre minoritaria, no es algo a lo que se llega -resultado- sino que hace hincapié en el proceso, no hay una transformación en el devenir en términos estables, etc. Cf. Mil mesetas. Deleuze y Guattari)

Primero escribimos en la pizarra o rotafolio, un ejemplo (por caso, devenir orgía, dejarse caer, decir que no, prefer not to, política negativa de la experimentación sexo-afectiva o contrasexualidades), y solicitamos que aporten sus propios ejemplos. Es menester que se dirija la atención hacia aquellos ejemplos tales como:

a. prácticas que rompan las fronteras del régimen de visibilidad vinculado a la bioasignación heterosexuada de los cuerpos, y la separación heterocapitalista entre deseables y abyectos, masculinos y femeninos, etc.

b. afectaciones alegre y uso reflexivo de los placeres.

c. prácticas y juegos BDSM.

d. sexo con amigas y amigos.

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TALLER DEVENIR ORGÍA Y MAGIA SEXUAL

TALLER DEVENIR ORGÍA Y MAGIA SEXUAL

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Duración del taller: 3 horas mínimo

SI NOS ORGANIZAMOS COJEMOS TODXS

Circulación –de manera práctica- de una serie de armas mágicas para la organización de una orgía comunal y posterior desarrollo de una orgía con quienes asistan al encuentro a partir del despliegue de prácticas sadomaso, componentes somáticos y verbales y de magia sexual.

Orgía como corriente horizontal y descentrada de flujos deseantes, cuya apuesta política se inscribe en la potencial descodificación de los cuerpos y los deseos / placeres, tal como aparecen heteronormalizados y administrados por el heterocapitalismo y sus ordenamientos disciplinarios.

Devenir orgía en su potencia desterritorializante, devenir que hace estallar, en sus desbordamientos insumisos, los límites naturalizados entre cuerpos deseables, cuerpos deseantes y cuerpos excluidos o invisibilizados.

En nuestra orgía es menester que todxs participemos con todxs, desdibujando así las fronteras identitarias y sexo-expresivas para devenir magma ardiente, manada.

Incitamos a explorar esos devenires con otros cuerpos y otros deseos.

Potencia insubordinada, desobediente e insurrecta, el devenir orgía supone una erosión de la idea misma de sujeto, ya que no hay “sujeto de la orgía”, solo circulación deseante.

Pautas Básicas

A los efectos del desarrollo de la orgía proponemos una serie de pautas básicas, que parten de experiencias previas:

es condición participar activamente de la orgía.

la figura del vouyeur solo puede ser llevada a cabo sin ropa de ninguna índole o como tacteur.

no se permite tomar fotos ni filmar.

debemos quitarnos la ropa al iniciar la orgía (como máximo, podemos dejarnos una única prenda, pero evitando aquellas especialmente incómodas para la propia práctica de la orgía, como los jeans o zapatos).

podemos vestir un atuendo orgíastico BDSM.

debemos desprendernos de nuestras identidades (cualesquiera sean) al ingresar al recinto ritual, como así también de las prendas que vestimos, deshaciéndonos comunalmente.

es necesario un ambiente climatizado (todo el calor que se pueda sin deshidratarse), mantas, almohadones y almohadas, y colchones por el piso, pañuelos y vendas para cubrir ojos.

ambiente: luces bajas, se puede quemar tomillo o salvia,

música apta para la relajación y la disposición sensoafectiva como por ejemplo Durruti Column y Martin Gore (sin letra para no desconcentrar)

Desarrollo

Es menester la figura de por lo menos dos personas como facilitadoras del taller. Estas personas se encargan de ubicar a quienes participan en la orgía espacialmente, proponer una serie de armas de descodificación y mantras (que pasaremos a explicar más adelante), y están atentas a cualquier requerimiento tales como brindar agua, entregar profilaxis, si alguien la necesita (aunque la orgía no estimula especialmente las prácticas penetrativas peneanas), acompañar al baño, o cualquier otra eventualidad que pudiera surgir.

Lxs facilitadorxs presentan y explicitan cómo funcionará el taller de manera de quienes están presentes decidan si permanecen o se retiran (Aviso: cualquier persona puede retirarse en cualquier momento del taller, nadie está obligadx a permanecer contra su voluntad).

Es tarea de quienes están en la posición de facilitadorxs, vendar los ojos de las participantes ya sea con pañuelos, como cualquier otro elemento; para evitar que la afectacion sexual con los cuerpos no esté anclada en lo visual y sus semióticas disciplinarias usuales. Asimismo, los ojos vendados estimulan y acrecientan otras potencialidades corporales y sensoriales, como ser tacto, olfato, sabor.

Primer momento (gnosis – estado alterado de conciencia): Con los ojos vendados se le pide a quienes participan que giren sobre su eje en circulos repitiendo los siguientes mantras: No se trata de lo que sabes sino de lo que podés probar y Nada es verdad, todo está permitido. Luego, los sentamos en el piso y los cambiamos de lugar para que pierdan su sentido de orientación de partida, deshaciendo una vez más las lógicas de selección de proximidad corporal por afindiades previas a la actividad o afinidades visuales concientes. Al cambiarles de lugar, se intenta que olviden a quién tenían al lado. Se invita a fumar una pipa con marihuana, y una libación con vino (optativos). Esta etapa es bien importante, porque del clima que logremos aquí, dependerá mucho el devenir de la orgía. Después, les pedimos que se recuesten hacia el lado izquierdo con la indicación de que si caen sobre algún cuerpo permanezcan en esa posición.

Segundo momento tod*s están acostados en el piso, podemos empezar sugiriendo que se froten un*s con otr*s; luego, usar las manos para tocar a quien tengan a su izquierda; posteriormente la boca, pare reconocer ese cuerpo en toda su superficie, con lengua, labios, explorar así al otr* a través de lamidas, besos, chupones, succiones. Entregarse al juego.

Lxs facilitadores mueven de lugar a las personas de acuerdo al grado de incomodidad que perciban o si alguna situación reterritorializa la norma heterofascita.

Finalmente alentar a masturbarse y masturbar a quien tienen a la izquierda.

Quienes facilitan la escena de juego participan como “magos tóxicos” que contagian la afinidad alegre del devenir orgía.

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 Ninguna agresión sin respuesta. Organizar la rabia

Ninguna agresión sin respuesta. Organizar la rabia

 

Ludditas Sexxxuales

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A Pepa Gaitán

a Daniel Zamudio

y a todas las tortas, maricas, marimachos, travas, trans y putos

víctimas del heterofascismo

 

 

Love to Hate You

 

And the lovers that you sent for me
didn’t come with any satisfaction guarantee
so I return them to the sender
and the note attached will read
how I love to hate you

(Erasure. “Love to Hate You”)

 

 

El mundo les pertenece a los heteros y alardean esa libertad en nuestras caras. ¿Por qué tienen que venir a nuestros cumpleaños, nuestras fiestas, nuestros rituales, nuestras marchas, nuestras ceremonias? No queremos tolerarlos, ni deseamos su asquerosa dádiva gay-friendly llamada “apoyo”, “integración”, “respeto”, “diversidad”…

No queremos sus leyes anti-discriminación.

El mundo les pertenece a los heteros, y estamos en guerra contra su régimen. Se acabó el buen rollo, el diálogo y la buena onda.

El mundo les pertenece a los heteros y no lo cederán voluntariamente. Habremos de tomarlo por la fuerza. Habremos de forzarles el culo para que lo hagan y lo abran.

Comprende, es bueno que los heteros y sus amigos nos teman.

No nos cansaremos de decirlo: los heteros son nuestros enemigos. Que el matrimonio igualitario, las leyes de unión civil e identidad de género, y todas esas limosnas de aceptación trivial no te convenzan de lo contrario. Con estas migajas heteronormales que nos arrojan a la cara intentan disciplinar nuestra desobediencia, intentan docilizar y conyugalizar nuestros anos, y volverlos monógamos, aceptables, desafectados, ausentes, bienpensantes y progresistas. ¿Hetero-anos o anos de fuego?

Todas las conchas, pijas, culos, dildos, tetas, clítoris, puños, pieles son un mundo de placer que espera que lo exploremos.

Lesbianas-maricas-estupendas, un ejército de anos no puede perder.

Metete en el culo todo lo que en él quepa. Y para afuera, en sus caras de heterosexuales consternados: mierda y pedos.

Una carcajada negra que suena diabólica y alegre brota de nuestros culos promiscuos.

Odiamos a los heteros que se aparecen en nuestras fiestas prepotentemente con su capa protectora de monogamia, buenos deseos, pacifismo, tolerancia, integración y asquerosa heterosexualidad.

No hay diálogo con el régimen déspota. No hay diálogo posible con los heteros porque no hablaremos en sus mismos términos. Si quieren conversar con nosotras, tendrán que abrir sus putos culos.

Odiamos a los heteros porque creen que sus historias y su sexualidad, sus formas-de-vida son universales, y que las nuestras son una desviación a ser corregida, o bien una alternativa a ser tolerada y aceptada.

No hemos olvidado ni una sola de las veces que nos atormentaron siendo niñitas mariconas o adolescentes marimachas. Ahora hemos crecido e iremos a buscarlos a sus casas de ser necesario. Hemos hecho de cada vez que algún hetero-niñito nos humilló un escudo empoderante para partirles la mandíbula de un golpe.

No hemos olvidado ni una sola de nuestras maricaslesbianas muertas por su régimen heterosexual. Ni las suicidadas ni las asesinadas. Todas nosotras somos ellas, envalentonadas contra su régimen de odio, que no tiene más sotén que la fuerza.

La heterosexualidad, un arma que el mundo empuña contra nosotras penetrándonos sin que nos guste. Todas nuestras asesinadas y suicidadas no nos permiten olvidar esta violencia.

Nos piden que no llamemos demasiado la atención, nos llaman al orden cuando vomitamos y gritamos y escupimos contra el régimen heterosexual. Como si sus egos no tuvieran bastantes caricias y protección en este arrogante mundo heterosexista, algunos heteros creen no ser como los demás. ¿Por qué nuestra ira, causada por su jodida sociedad, debe preocuparse de que no se sientan mal? Dicen “no todos los heteros son/somos malos”. Frasecilla que muchos gays y lesbianas progres citan acríticamente, incapaces de alzarse y violentarse contra aquellos que, en condiciones apenas diferentes, no dudarían en ser sus verdugos. ¿En el fondo, les importa acaso que ese régimen nos joda la vida a las mariconas-lesbianas-estupendas? Cuando nos arriesgamos y funciona, todas se alegran, pero cuando no sale bien, ustedes, travestis integracionistas y gays heterofriendly, se alejan como si tuviéramos sarna.

¡Andate a la mierda, hijo de yuta, colaboracionista! ¿Cómo no alzarse contra los atacantes si somos la inmensa minoría tirada al fuego? Están luchando por su servidumbre como si fuera su salvación. Y pretenden que nosotras hagamos lo mismo.

Los heterosexuales llevan su heterosexualidad como una señal de  “Prohibido el Paso” o como un certificado de propiedad y autenticidad. ¿Por qué les toleramos cuando invaden nuestros espacios ocupando ostentosamente nuestras pistas de baile con sus parejas? ¿Por qué permitimos que dirijan hasta festivales Posporno cuando todas sabemos que la pornografía que se consigue en el kiosko de revistas forma parte del régimen heterosexual que nos reduce al estatuto de especie en extinción, a la que miran embobados en la vitrina de la diversidad, vidrio blindado de por medio, no vaya a ser que les ataquemos o les contagiemos algo (cosas que estamos muy dispuestas a hacer en cuanto podamos)?

Los heterosexuales nos escuchan como si nuestras vidas fueran irrelevantes, a medias, como si fuéramos un apéndice de un mundo mucho mayor, del cual ellos son dueños por ley natural, un mundo de poder y privilegios, de leyes de pertenencia, de identidades y exclusión que seduce a algunas de las que se venden al patrón. Hay una certeza en la política del poder: los que están fuera ruegan por ser incluidos, los que están dentro afirman que ya están allí.

Devolvamos el ataque, aunque nos hayan enseñados que los buenos no se enfadan. De todos modos, no nos interesa ser buenos. Vampiras, monstruos, loberías… Eso somos.

La próxima vez que alguien te diga “no te enojes, no seas agresiva, no todos los heterosexuales somos así”, escupile en la cara, contestale que hasta que las cosas no cambien radicalmente, no necesitás más pruebas de que el mundo funciona bajo el Imperio Heterosexual que nos asesina y nos mutila.

El mundo les pertenece a los heteros y odiamos a los heterosexuales y su régimen fascista.

 

La sexualidad contra el género y la identidad

 

En una conferencia publicada en 1989 Judith Butler aborda críticamente la problemática de las identidades, a las cuales caracteriza como instrumentos de regímenes regulatorios, que operan a la vez de manera normativa y excluyente, en tanto que categorías normalizadoras a partir de estructuras opresivas, o bien como lugares de reunión para la liberación de dicha opresión. La especificidad identitaria, según este planteo, solo puede ser demarcada por exclusiones que desbaratan su declaración de coherencia. Dicha coherencia aparece definida por el ideal de género, matriz privilegiada de construcción de las identidades mediante una serie de tecnologías y dispositivos sociales, semióticos y biomédicos que inscriben su productividad dentro de los parámetros regulatorios y los márgenes de inteligibilidad trazados por la heterosexualidad como régimen político.

En palabras de Teresa de Lauretis, el sistema sexo / género, en su relación de causalidad definitiva y necesaria, es tanto una construcción socio-cultural como un aparato semiótico, es un sistema de representación que confiere significado (identidad, valor, prestigio, posición en el sistema de parentesco, status en la jerarquía social, etc.) a los individuos de una sociedad dada. El género constituye una compleja tecnología que involucra una ajustada mecánica de poder, un orden normativo y regulatorio que produce material y simbólicamente los cuerpos como “varones” o “mujeres” y que fija una determinada matriz de inteligibilidad para pensar las identidades y las corporeidades que se consideran legímitas, habitables o susceptibles de ser vividas, de las cuales, luego se desprenderá todo un sistema de afectos.

Por otro lado Michel Foucault nos muestra que la tarea fundamental no sería  de ningún modo descubrir lo que somos (una identidad estable y definitiva que está reprimida y debemos liberar) sino construir un uso reflexivo de los placeres, en sentido amplio, que incluya una ars o tekné erótica (mucho más que una scientia sexualis), tanto como culinaria y psicotrópica, que apunte e involucre nuevos procesos de subjetivación y la producción de nuevas formas de vida, de nuevos deseos que no pueden ser definidos a priori, aún insondables.

Si bien la sexualidad está atada al orden heterosexual dominante y mayoritario, en su práctica, desborda cualquier narrativa definitiva, y nunca puede ser expresada por completo dentro de una determinada actuación que se pretenda coherente y acabada. De allí la importancia de movilizar contra-placeres, o el uso reflexivo de la sexualidad, susceptibles de atacar ese régimen heterosexual pretendidamente estable, y potenciar formas de vida sexo-afectivas y devenires del deseo fuera de los enclaves disciplinarios  de las identidades (sexo / género) normalizadas.

Por su parte, Gilles Deleuze y Félix Guattari oponen a las líneas duras del ser trazadas por las identidades, en tanto que sitio estratégico de reterritorialización de la norma social del Hetero Capitalismo Mundial Integrado (para decirlo en términos ludditas sexxxuales), las líneas de fuga desterritorializantes potenciadas por la activación de devenires minoritarios. El devenir no constituye un punto de llegada, ni una evolución ni algo en lo que hay que transformarse. Tampoco se trataría de una identidad disidente o una mera alteridad opuesta a la norma. No es algo que se produzca al nivel de la imaginación o del sueño. Un devenir no es ni imitación ni responde al orden de la identificación, ni al de la asimilación. Deleuze y Guattari sostienen que el devenir no tiene que ver ni con ser, ni parecer, ni producir, ni equivaler. Por el contrario, el devenir es una expresión relativa a la economía del deseo, cuyos flujos proceden mediante afectos y devenires. El devenir es el contenido propio del deseo, ya que desear es pasar por devenires. Todo devenir forma un bloque que supone el encuentro o relación de dos términos heterogéneos que se desterritorializan mutuamente. Es molecular, minoritario, nómade, y opera mediante la disolución del orden molar de las identidades. El devenir pertenece al orden de la alianza (no de la filiación) y del rizoma (distinto de un árbol genealógico). El devenir siempre es una multiplicidad (a diferencia de las  identidades que suponen individuos que las encarnan) y tiene que ver con una micro-política del contagio y de la afectación (la epidemia es anti-herencia: no heredamos la disidencia del movimiento LGTB), entendiendo los afectos no como sentimientos personales sino como potencias de manadas que hacen vacilar el yo. 

Siguiendo los argumentos de Deleuze y Guattari, Néstor Perlongher sostiene que una política minoritaria no debería pasar por la afirmación enghettizante de las identidades acompañada por invocaciones ritualizadas a la solidaridad con otros grupos minoritarios ni por la reserva de un lugar -usualmente secundario- en el teatro de la representación política. Por el contrario, debería apuntar al estallido de los modos de subjetivación dominantes y a la activación, fuera de los regímenes normalizadores y reguladores del heterocapitalismo, de devenires del deseo que potencien nuevas subjetividades políticas disidentes y desquicien los cercos disciplinarios de las identidades. Éstas amarran el desarrollo de las potencias de vida propias a un cierto ideal regulatorio que no permite que prolifere nada que no sea acorde a dicha identidad. La identidad, dice Deleuze, aprisiona la vida, prescribe cómo debería ser un individuo, nos dice cómo actuar, por eso pertenece al orden de la moral.

Frente a esto, es menester la producción de una ética que no suponga al deseo como algo natural o espontáneo, mera pulsión primaria incontenible, sino, por el contrario, como una materia resignificable, hasta incluso re-programable. La idea corriente del deseo como energía indiferenciada o como flujo de desorden que debe ser disciplinado, corresponde al deseo tal y como es construido por el Hetero Capitalismo Mundial Integrado. Un deseo tampoco entendido en términos de movimiento hacia algo de lo que carecemos, la tensión de un sujeto hacia un objeto, algo que se manifieste en torno a su falta, a su ausencia, y cuya satisfacción resida en su “posesión”. Para Deleuze y Guattari el deseo está muy lejos de la concepción del psicoanálisis desde Freud, que lo entiende en términos de carencia y representación y clausura, en esta misma operación, su multiplicidad.  Por el contrario, ellos hablan de “máquinas deseantes”, que se definen por un acoplamiento, por un sistema de “corte-flujo” que va de afecto en afecto, ya que el deseo produce todo el tiempo, no cesa de producir sus objetos y los modos de subjetivación que les corresponden. El deseo no es la representación de un objeto ausente o faltante, sino una actividad de producción y exploración incesantes, que moviliza a los cuerpos y las cosas no por ellos mismos, sino por las singularidades que ellos emiten y el deseo toma.

Desear implicaría la construcción misma del deseo: formular qué disposición se desea, qué mundo se desea. Reprogramar.

 

Soltar el odio

 

En los años 80, cuando gays, lesbianas y trans habíamos inventado otras formas de vida sexo-afectiva y política cuya radicalidad ponía en crisis el orden dominante heterosexual, el Sida cayó como “un regalo del cielo” para proteger la integridad de dicho régimen de poder y “poner en su lugar” a los cuerpos disidentes. El venenoso AZT (una droga ya entonces prohibida en los enfermos de cáncer) fue el arma utilizada para diezmarnos y aniquilar esas potencias de vida radicales.

Hoy en día, el Hetero Capitalismo Mundial Integrado descubrió que, en lugar de reprimir a l*s díscol*s, es mucho más rentable pacificar la disidencia mediante la producción de subjetividad, haciendo deseables determinadas formas de vida que compramos a diario, presurosas, para no quedarnos afuera de la maravillosa normalidad y sus promesas de integración y felicidad. Producción del deseo, entonces, unida a procesos de subjetivación que apuntan a docilizar las fugas-de-la-norma de todo pensamiento que se pretenda radical (o siquiera se atreva a cuestionar el orden dominante), a encausar los descalces críticos de aquellas prácticas y formas de acción que representen algún tipo de peligro para la estabilidad de la straight mind.

Y para aquellas que no se dejan domesticar fácilmente, se tratará de hacerles sus vidas inhabitables, invivibles, invisibles, ninguneadas, apartadas, aplacadas bajo el rumor de “Dejala, es una loca agresiva”. El Hetero Capitalismo Mundial Integrado también ha producido algo así como una “subjetividad policía” en cada un* de nosotr*s, autovigilante y vigilante de l*s otr*s, dispuesta a llamarnos al orden cada vez que nos salimos del sitio que la fila de la hetenormalidad tiene reservado para nuestras identidades. Y si nos portamos bien, quizás hasta nos premie con algo de la mierda desafectada y ulcerante que la cotidianidad de sus vidas mediocres soportan en la cinta de embalaje y producción del heterocapitalismo: casa, perro, maternidad, trabajo, vacaciones, familia.

La producción de subjetividades desafectadas constituye el gran logro del Hetero Capitalismo Mundial Integrado, mediante la producción de un deseo que sostiene y lubrica la ajustada maquinaria del régimen de poder dominante, de cuerpos-zombies desafectados, docilizados y desempoderados políticamente, incapaces de responder con beligerancia a una agresión, porque se les ha gravado en la carne y en los huesos que “no se combate el odio con más odio”. 

 

Esto es un llamamiento, está dirigido a quienes aún pueden oír:

Soltá tu odio. Golpeales con él.

 

 

Los buen*s chic*s queer frecuentan las muestras de “arte postpornográfico”, l*s mal*s frecuentan el culo de anormales como nosotr*s

 

En los últimos años la disidencia sexual queer postpornográfica asiste a una suerte de llamado al orden de la revulsividad de sus devenires monstruosos post-identitarios, que exige credenciales de autenticidad y carta de ciudadanía. Resulta por lo menos curioso la manera en que ciertos cuerpos que se auto-inscriben dentro de la disidencia sexual, reculan a la hora, precisamente, de poner el cuerpo.

Si la heterosexualidad constituye un régimen político disciplinario, de producción y normalización de los cuerpos y de las subjetividades según un ideal regulatorio que invisibiliza su propia condición contingente, algunos cuerpos que se auto-proclaman queer o que auspician a viva voz la disidencia sexual son hoy,  paradójicamente, quienes dejan en atroz evidencia la eficacia del orden disciplinario heteronormativo en su hacerse carne.

Este fenómeno de (hetero)normalización conduce finalmente a la tolerancia hetero-friendly: la nueva integración al grito de “Straight is Beautiful” y la cesión sin conflicto de las plataformas políticas de la disidencia sexo-afectiva al orden mayoritario heterosexual. “Go straight to the queer”: un juego de mesa que toda la familia puede jugar.

Siguiendo a David Halperin, no deja de asombrarnos la rapidez con la que la teoría queer se institucionalizó y fue aceptada por la academia, dispositivo que, como sabemos por Monique Wittig, pertenece fundamentalmente al régimen político heterosexual. Se torna sospechosamente extraña esta rapidez si pensamos que la teoría queer sostenía una política radical derivada de su postura anti-asimilacionista, de su abrazo de choque con lo anormal y lo marginal que ahora parece ser canonizado y absorbido mayormente por instituciones de conocimiento heterosexuales, como nunca lo fueron antes de los “estudios gay-lésbicos”. Aparentemente, la teoría prevaleció sobre lo queer, y “si es teoría, razonaron los académicos, es una mera extensión de  lo que gente importante ya venía haciendo”.

Se tratará, entonces, de escapar de estos enclaves identitarios que la llamada al orden de lo queer reclama, algo así como movilizar un devenir queer de lo queer. ¿Cómo? no se nos ocurre otra forma que inventando contra-placeres, contra-sexualidades. Esto supone, claro, coger con todo tipo de cuerpos, no solo con aquellos que la hetero o la homonorma territorializan como “cuerpos deseables”. Y coger de las maneras diversas, desgenitalizantes, y abyectas. Exije un cómo, una ética sexo-afectiva de desprogramación, cuestión de activar, desde la invención de nuevas prácticas contra-sexuales, derivas deseantes que fisuren, micropolíticamente, el orden molar de las identidades que la heterosexualidad como régimen político nos bioasignó.

 

¿El postporno era esto?

 

………………………………………… [...] …..……………………………………

 

Daniel

 

Hoy es 27 de Marzo, y tras 3 semanas de agonía, muere en la región ocupada por el Estado HeteroFascista Chileno, el cuerpo sin vida cerebral de Daniel Zamudio, un chico gay de 24 años. Seis horas duró la tortura que 4 heterofascistas perpetraron contra él, en una plaza en pleno centro de Santiago, a las 9 de la noche, sin que nadie viera ni oyera nada. Sus asesinos torturadores no son monstruos “neonazis” (como los calificó rápidamente la prensa y la opinión pública) a ser apartados y estigmatizados, son los hijos normales y dilectos de la heterosexualidad como régimen político, y sus acciones de odio sobre nosotras lesbianasmaricastransestupendas, el producto de familias nucleares heterosexuantes y normales. Para decirlo más claro: son como cualquier hijo de vecino, son compañeros de trabajo y escuela.

A los hijos de yuta cómplices y partícipes de la política heteronormativa asesina y fascista, sepan que desde ahora seremos la peor de las amenazas, que no los dejaremos en paz, que haremos que cada minuto de sus miserables vidas de mierda sea aún más miserable, que nuestro odio y asco será como un río salido todo de su cauce, sin contención. Les declaramos oficialmente la guerra.

El asesinato de Daniel no cree el reclamo (urgente) por una ley anti discriminación y los auspicios pacifistas y bienpensantes de la inclusión y la tolerancia, sostenidos en un mismo coro por heteros progresistas y LGTB integracionistas. Lamentablemente, nada de esto va a frenar episodios como estos, ni tampoco los incontables y cotidianos (y hasta invisibilizados) casos de homofobia, lesbofobia y transfobia, ni la violencia con la que convivimos, diariamente, las monstruas de devenires abyectos del heterocapitalismo, ni los suicidios de adolescentes a quienes se les ha hecho creer que sus formas de vida y de afecto no son posibles de vivirse o habitarse. Daniel y todas nuestras muertas son la dinamita que, de manera radical y definitiva, hará volar por los aires el régimen de poder que produce esas subjetividades fascistas, esto es, la heterosexualidad como régimen político, que produce a los asesinos de Daniel y luego invisibiliza sus propios excesos, condenándolos como un grupo de monstruos “neonazis” fuera de control a los cuales espera castigar judicialmente. Y pretende acallar nuestro odio y frenar nuestra rabia con sus migajas de mierda, sus leyes progresistas e inclusivas y sus celebradas prédicas de paz y tolerancia, para mantenernos en nuestro sitio, no vaya a ser que l*s díscol*s nos pasemos de brav*s y dejemos de ser una amenaza posible, para volvernos una amenaza real y que, políticamente empoderad*s, empecemos a devolver, de una vez y para siempre, cada uno de los golpes e insultos con los que nos hemos acostumbrado a convivir día tras día.

El asesinato de Daniel Zamudio, como el de todas nosotras las lesbianasmaricastransestupendas, que morimos a diario, es la consecuencia de un régimen de poder mayoritario cuyo tejido de opresión y odio no se ataca con mayor representación en el congreso o con la creación de más leyes (promulgadas, por otro lado, por el mismo régimen que nos oprime) y mucho menos con el diálogo o los auspicios de tolerancia e integración. NI UNA MUERTE MÁS. Nuestra respuesta como maricas, putos, tortas, travestis, trans, marimachos, monstruos, vampiras, lobas es salir a la calle, a cara de perro. Se acabó el buen rollo, tolerancia cero. Que nos tengan miedo, que entiendan que lo que está en juego son sus vidas de mierda.

Heterosexuales paridoras de misóginos, criadores de fascistas, novias románticas encubridoras de facistas, madres que piden perdón por lo que ustedes mismas les inculcaron a sus hijos, padres amedrentadores  homofóbicos futboleros, caeremos sobre ustedes como Furias, con la alegría descomunal de travestis cuchilleras, de tortas camionabomberamotoquera asesinas, de maricas emplumadas armadas con su sangre. No tenemos miedo de morir como Daniel, tenemos miedo de vivir como ustedes.

 

 

Bibliografía

 

- Butler, Judith. “Imitación e insubordinación de género”, en: AA. VV. Grafías de Eros. Historia, género e identidades sexuales, Buenos Aires, Edelp, 2000.

- Butler, Judith. El género en disputa. El feminismo y la subversión de la identidad, Barcelona, Paidós, 2007 [1990]

- de Lauretis, Teresa. “Tecnologías de género”, Diferencias. Etapas de un camino a través del feminismo, Madrid, Horas y horas, 2000.

- Deleuze, Gilles y Félix Guattari. El Anti Edipo. Capitalismo y esquizofrenia, Buenos Aires, Paidós, 2005 [1972]

- Deleuze, Gilles y Félix Guattari. Mil mesetas. Capitalismo y esquizofrenia, Valencia, Pre-Textos, 2008 [1980]

- Foucault, Michel. Historia de la sexualidad. 1. La voluntad de saber, Buenos Aires, Siglo XXI, 2002 [1976]

- Foucault, Michel. “Michel Foucault, una entrevista: sexo, poder y política de la identidad”, Obras esenciales, Madrid, Paidós, 2010 [1994]

- Halperin, David. “The Normalization of Queer”, en: Gust A. Yep, Karen E. Lovaas y John P. Elia (eds.). Queer Theory and Communication: From Disciplining Queers to Queering the Discipline(s), Nueva York, Hayworth, 2003.

- Perlongher, Néstor. “Los devenires minoritarios”, Prosa plebeya. Ensayos 1980-1992, Buenos Aires, Colihue, 1997.

- Queers anónimos. “Maricas, leed esto: odio a los heteros” (1990), en: Rafel M. Mérida Jiménez (ed.). Manifiestos gays, lesbianos y queer. Testimonios de una lucha (1969-1994), Barcelona, Icaria, 2009.

- Vidarte, Paco. Ética marica, Madrid, Egales, 2007.

- Witting, Monique. El pensamiento heterosexual y otros ensayos, Madrid, Egales, 2006.

 

Deseo

“Teoría Queer y el Deseo como Máquina de Guerra”

Ludditas Sexxxuales

”Las maritrans, de pequeñas, cuando se les pregunta qué quieren ser de mayor, deberían todas responder: ‘Quiero ser bollera, maricón, transex. Quiero llegar a convertirme en un sujeto político real, capaz de intervenir en la sociedad desde mi ser lesbiano. Me importa una mierda si, luego, la inercia de las cosas me lleva a ser bombero o DJ: esto es accidental. De mayor me encantaría llegar a la plenitud y vivir solidariamente la marica que llevo dentro. Si en algún momento de mi vida olvido esto y me convierto en taxista con prácticas sodomitas, en abogada comechochos, en bombero travesti y acabo pensando que mi vida sexual es privada y que lo verdaderamente socializable y público es todo cuanto depende de familiares, entonces habré dejado en la cuneta a la lesbiana marica estupenda que aún no soy pero me encantaría llegar a ser de mayor’”

Paco Vidarte. Ética Marica

La teoría queer no constituye una teoría sistemática, sino que denomina un ámbito crítico que surge en el contexto del feminismo radicalizado, según nuestra lectura, como contestación a las políticas identitarias y de normalización de los movimientos LGTB y de algunos feminismos.

La previa…

Si bien el término “queer” en su acepción académica tal como se usa hoy -o casi- habría surgido con un texto de la filósofa feminista Teresa de Lauretis (Queer Theory: Lesbian and Gay Sexualities, 1991), hay quienes sostienen que fue la activista lesbochicana Gloria Anzaldúa la que acuñó su utilización en su libro Borderlines (luego hablaremos acerca de qué significa “queer” en inglés). Si bien de Lauretis rápidamente abandona el concepto por advertir su cooptación académica, en los años 90, “queer” se proponía como afiliación política contra la vieja guardia de gays y lesbianas que deseaban, y aún hoy desean, ser normales, ser iguales, ser como heterosexuales. A su vez, la filósofa feminista Judith Butler, en su libro Cuerpos que importan (1993), señala que “El término queer fue precisamente el punto de reunión de las lesbianas y varones gays más jóvenes…y, en otro contexto de heterosexuales y bisexuales para quienes expresa una filiación antihomofóbica.”

Lo cierto es que queer no puede ser abordado sin traer al presente el pensamiento tanto de Michel Foucault como de Monique Wittig. En el caso de Foucault, estamos hablando más exactamente del primer volumen de su Historia de la sexualidad (1976), poderoso instrumento conceptual para desnaturalizar la noción de identidad sexual que venían trabajando no solo el feminismo radical sino también los movimientos homosexuales. Desde la perspectiva foucaultiana, las categorías sexuales constituyen productos de constelaciones específicas de saber/ poder. Foucault explica no solo cómo el poder no se limita a reprimir, sino que se dedica a producir y moldear cuerpos y subjetividades (y también deseos); y así encarna en prácticas y discursos anclados en la cotidianidad. El poder, según este autor, no constituye un régimen exterior al sujeto; por el contrario el propio sujeto al que se nos invita a liberar es un efecto del poder disciplinario (o su producción más lograda).

Por su parte, la filósofa francesa lesbofeminista Monique Wittig se refiere a la heterosexualidad en su texto “El pensamiento heterosexual” (The straight mind, 1978) como un régimen político “que involucra una interpretación totalizadora a la vez de la historia, de la realidad social, de la cultura, del lenguaje y de todos los fenómenos subjetivos, y una tendencia a universalizar su producción de conceptos”, en tanto y en cuanto como lengua mayoritaria, hegemónica y dominante, solo se puede hablar bajo sus propios términos (un ejemplo de esto sería las formas de homoparentesco, única manera de alojar nuestros deseos de cuidado, protección y abrigo ante las inclemencias de la vida). Este pensamiento hetero está fundando en la necesidad ontológica de construcción del “otro diferente”: la diferencia esencial entre sexos construye, entonces, a la mujer como el otro diferente del varón (que viene a ser la norma). De allí que, “la mujer” no tiene sentido más que en los sistemas heterosexuales de pensamiento y en el heterocapitalismo (por eso, el dictum de Wittig: “las lesbianas no son mujeres”, aunque en la actualidad, las vemos marchar orgullosas en los Gay Pride con cochecitos de bebé, reivindicando su derecho a la maternidad para horror, espanto y vilipendio del lesbofeminismo radical de los 70).

En 1987, siguiendo los lineamentos de Foucault, Teresa de Lauretis, incorpora la noción de tecnologías del género para referirse al género como ideal regulatorio de poder que construye materialmente los cuerpos, mediante una serie de tecnologías biomédicas, semióticas, literarias, audiovisuales, etc: “Si las representaciones de género vehiculizan significados que sancionan posiciones sociales diferentes, entonces el representar o el representarse como varón o mujer implica la asunción del conjunto de estos efectos de sentido”. A partir de esta noción de género, es que los cuerpos se sexuan biomédicamente, se generizan, adquieren unas ciertas sexualidades, obtienen visibilidad social, etc.

Unos años más tarde, en 1990, Judith Butler publica lo que será un big bang dentro de la filosofía feminista. Se trata del libro El género en disputa, donde se refiere al género como un efecto performativo de actos reiterativos mediante los cuales éste se define. Para ella, no existe nada auténtico en relación con él, ni una identidad de género detrás de sus expresiones. Por el contrario, son las propias actuaciones performativas las que producen, en su repetición ritualizada, el efecto-ilusión de una esencia natural, de una cadena causal entre sexo y género sobre la que se funda la matriz de inteligibilidad heterosexual.

Post-post-post

A partir de todo lo dicho, la teoría queer propone un giro post-identitario que cuestiona la idea de identidad en tanto categoría o asignación fija, coherente y natural. De hecho, fue Michel Foucault quien declaró que no se trata de descubrir o liberar quiénes somos (salir del closet) sino de resistir la norma y los modelos de asimilación, en nuestro lenguaje, heterocapitalistas, para poder analizar cómo llegamos a ser lo que somos. Es decir, un desplazamiento fuera de la esencia del ser u ontología.

Entonces, queer designa no una clase de patologías o perversiones previamente decodificadas por los biopoderes, que la buena mente y consciencia política se encargaría de desestigmatizar -pacificando en ese gesto su revulsividad monstruosa- y retirar de los manuales de psiquiatría mediante el lobby internacional de derechos humanos, sino un horizonte de posibilidades que en principio no pueden ser ni previa ni aprioristicamente delimitado, pero que sí comparten ciertos presupuestos epistemológicos radicales por fuera de todo modelo de asimilación heteronormal: ni matrimonio, ni parentesco, ni monogamia, ni pareja, ni amor romántico, ni trabajo formal, a riesgo de dejar de funcionar como queer. Si es que viene a ser algo, queer sería un hacer renovador, un verbo afilado, una acción lapidaria que no puede nunca quedarse quieta, puesto que es nómade, fugitiva y criminal, y atenta en cada acto contra la generización esencialista intrínseca a cualquier identidad que conformemos (sea de la especie que sea).

En tal sentido, queer no constituye una identidad -vinculada con el reconocimiento y éste, con el narcisismo-, sino que se trata de un devenir, una zona o plataforma móvil de productivización sexo-afectiva micropolítica disidente minoritaria y marginal.

Los gorriones de París

En este punto, los aportes de la filosofía del devenir de Gilles Deleuze y Félix Guattari, como así también su nueva conceptualización del deseo, son de la partida a la hora de entender no tanto qué quiere decir “queer”, sino más bien cómo funciona. Con la publicación del Anti-Edipo en 1972, y de Mil Mesetas en 1980, ambos autores plantean una crítica crucial al psicoánalisis e impulsan una nueva forma de pensar no solo el deseo y el inconsciente, sino la identidad. Para estos filósofos, las identidades siempre son mayoritarias, sujeción del desarrollo de nuestra potencia de vida a los deseos y formas propias de esa identidad que se nos incorpora en el sentido etimológico de la palabra (se nos hace cuerpo). El yo personal no permite, entonces, que prolifere en él nada que no sea acorde con dicha identidad, aprisionando la vida en el mismo movimiento. De allí que Deleuze y Guattari propongan líneas de fuga o devenires, es decir, la ruptura de las líneas duras del ser. Los devenires son siempre minoritarios, ya que no están guiados por identidades. A fines de escapar a las reterritorializaciones antivitales que producen las lógicas identitarias fundadas en la taxonomía arístotélica, Deleuze toma los argumentos de Spinoza acerca de las potencias. La pregunta fundamental de la Ética de Spinoza, dice Deleuze, es ¿qué puede un cuerpo?Nunca se puede saber lo que un cuerpo puede antes de la experiencia, porque un cuerpo no está definido por la pertenencia a una especie, sino por los afectos de los que es capaz, por el grado de su potencia.

A diferencia del discurso del psicoanálisis iniciado por Freud y continuado por Lacan, que concibe el inconsciente como teatro, y el deseo como pulsión primaria natural preconsciente, prediscursiva, auténtica, reprimida, y como falta o carencia; la perspectiva esquizoanalítica de D&G entiende al inconsciente como fábrica y al deseo como máquina. Es decir, el deseo es producido, no representado como dirían los policías psi. Se trataría entonces de un agenciamiento de heterogéneos que no comporta carencia alguna, y no de un dato natural. El deseo es un proceso, no una estructura; es un afecto, no un sentimiento; es acontecimiento, no cosa o persona; y especialmente implica la constitución de un campo de inmanencia (que Deleuze llama “cuerpo sin órganos”), que se define por zonas de intensidad, umbrales, gradientes y flujos en la puesta en juego de un lenguaje surreal que venga a decir de maneras distintas en un intento por realizar cosas distintas.

Haciéndose eco de las ideas de D&G, el poeta, ensayista, activista y puto Néstor Perlongher, muy tempranamente, en Sudamérica, hizo un llamamiento a liberar no a los homosexuales (lógica indentitaria), sino a la homosexualidad, en tanto devenir deseante que habita en cada culo. En un ensayo titulado “El sexo de las locas” de 1984, Perlongher invitaba a un devenir de la sexualidad fuera del modelo politicamente correcto del gay y de sus enclaves disciplinarios normalizados. No en vano conoció a la Felicia Guattari en tierras brasileras durante su exilio sexual de la Argentina, en 1982.

Entonces, entendemos lo queer como agenciamiento de minorías sexuales radicales, de disidentes sexo-afectivos, de objetoras de género, que tuvo la capacidad de articular y resonar una proliferación de prácticas por fuera de los marcos institucionales, ya sea externos como internalizados. Como tal, se opuso fuertemente a los límites de las viejas formas de hacer política -no mediante acuerdos del tipo programa-. Asimismo, cuestionó sin retorno la regulación de las sexualidades mediante el matrimonio, la familia, la pareja, la crianza, la monogamia, la salud (que no es la vitalidad). Aquellxs que luchan y bregan por los derechos civiles igualitarios LGTB constituyen hoy la reterritorialización más aguda de los valores cívico-cuidadanos del HeteroCapitalismo Global Integrado, reflujo fortificado por la noción ecuménica de un ser-politicamente-correcto gracias a las indentidades.

Queer ha salido al cruce del aliado cool gay de la heteronorma, cual barba travesti amanecida que desea continuar siendo prostituta, como varoncito puto inclasificable que le gusta chuparle la pija a sus amigos pero también la conchita a sus amigas, como promiscuo barebacker, como forma-de-vida-sexual inclasificable más deseante que deseable. Es decir, como el sucio secreto que los primos G&L prefieren ocultar para poder ingresar a un lugar que por lo menos es -sino horripilante- anodino, llamado normalidad, y de cuya cárcel tantxs heterosexuales se han urgido por escapar. Tal como temíamos, el enemigo está también en nuestros propios aliados, en nosotrxs mismxs, en esa insistente rencarnación de los modelos dominantes que encontramos en nuestras propias actitudes de vida en las más diversas ocasiones.

De hecho, a lo largo de su obra ya sea individual o en colaboración, Guattari explica que “la nueva fase del capitalismo” (llamado cultural o cognitivo) “se caracteriza por la producción de subjetividad” (subjetividad heterocapitalistica, en nuestro idioma). Todo lo que es producido por este modo de subjetivación no es solo una cuestión de ideas o significaciones o de modelos de indentidad, sino que se trata de sistemas de conexión directa entre las grandes máquinas productivas, las de control social, y las instancias psíquicas que definen la manera de percibir el mundo: “La producción de subjetividad constituye la materia prima de toda y cualquier producción”. La infantilización de los cuerpos o formas-de-vida conforma una función económica de la subjetividad heterocapitalística, donde el Imperio piensa y organiza por nosotrxs la vida social, en relación con la mente hetero que planteaba Wittig, tal como un padre (o madre), en el orden del parentesco familiarista edípizante, organiza y administra todos los asuntos del niño o la niña: por su propio Bien.

Puteame que me gusta o pegame y llamame queer.

La palabra queer se ha utilizado en el contexto angloparlante como insulto contra gays y lesbianas, dado que constituye una injuria que designa a determinados cuerpos como patológicos, abyectos y anormales, y los escinde de la esfera pública. A finales de los años 80, numerosos grupos de activistas se apropian de esta injuria (queer en inglés viene a querer decir algo así como freak más gay), para autodenominarse, e invierten su sentido estigmatizante y lo vuelven su lugar de enunciación política. Así surge un nuevo tipo de activismo concomitante con la crisis del SIDA especialmente expresado en colectivos tales como ACT-UP y Queer Nation, que optan por una política confrontativa. No obstante, cuando la palabra es ocupada por lxs no angloparlantes se pierden su densidad semántica, su choque político y espistemológico.

Sin embargo, queer podría ser entendido como una manera de mirar el mundo, un punto epistemológico crítico de acción hic et nunc. En su presupuesto de origen, queer por un lado debe estar en permanente fuga puesto que objeta la jerarquización de las identidades candidateables a la normalidad y teme la re-ontologización de las esencias; por el otro, habita como discurso en ciertas latitudes paupérrimas donde ni siquiera existe lo LGTB. De ese modo, nos encontramos frente a la encrucijada: ya sea que sigamos utilizando este término a sabiendas de que ha sido completamente asimilado como significante por aquello que -tal como denunció Teresa de Lauretis- venía a combatir, ya sea que pasemos una y otra vez por la fallida experiencia LGTB -cual marxistas del género- hasta que nuestras comunidades sexuales más lumpen puedan ser burguesas del culo o del género y así hacer la revolución proletaqueer.

De allí que el filósofo activista y maricón recontra, Paco Vidarte proponga, frente a los repliegues politicamente correctos y acomodaticios del modelo gay, pero en brutal violencia contra el régimen heterosexual, una política anal (órgano abyecto que cualquier cuerpo porta independientemente de su bioasignación médico-jurídica) que consiste en, parafraseándolo, “meter en el culo todo aquello que cae en su proximidad y hacia afuera tirar pedos y mierda”.

Queer también tuvo algo que decirle al feminismo tradicional que confía en trabajar dentro de los marcos del Estado y sus legalidades, así convirtiéndolo una vez más en un interlocutor válido y reortorgándole un poder que el Estado ha ido perdiendo en la competencia contra otras instituciones, como la industria farmacopornográfica. Allí, queer revisó lo mejor del feminismo radical sexual de la mano de Gayle Rubin y de Pat Califia en sus primeras manifestaciones, cuando conformaron el grupo lésbico sadomaso Samois y se trenzaban en despiadadas batallas contra las pontificantes y mojigatas Andrea Dworkin y Nancy McKinnon, para encontrar la manera de aliar cuerpos-márgenes: prostitutas de todo sexo y color, migrantes, yonquis, travestis y transgéneros, indixs y locxs. Es decir, los malos e indóciles sujetos de las políticas sexuales que no dejan dormir en paz al bebé concebido con la costosa inseminación artificial de la amorosa pareja lésbica profesional blanca y exitosa, que se ha casado por civil para poder heredarse los bienes de la propiedad privada obtenidos en cargos gerenciales como periodistas clasificadas.

Acabando

No son los temas del queer lo que han fracasado, sino su nombre que sin nostalgia puede ser dejado atrás, puesto que como tantos otros, ya no quiere decir nada (sea que le pongamos queer, cuir, kuir, o lo que queramos), para poder devenir en manada. Ni la integración voluntaria al sistema, ni la pugna por una vida mejor y más cómoda dentro de él, es decir, el reconocimiento de derechos que son siempre privilegios; sino la creación de nuevas cartografías en el mapa del control, lejos de las coordenadas psicofísicas del Imperio del Heterocapitalismo. En vez de ser aceptadas como buenas o malos, estimular nuestras potencias para generar situaciones, estados de excepción que perduren por el mayor tiempo posible, intensidades, densificaciones, donde el acontecimiento y la presencia sean inmunes a esa aceptación porque han sido contagiados con el virus del deseo antiheteronorma. Siguiendo a Emma Goldman en La Tragedia de la Emancipación de la Mujer, ahora hay que emanciparse de la emancipación.

PornoVirus: infectando los cuerpos / placeres / deseos del Heterocapitalismo Mundial Integrado

PornoVirus

Infectando los cuerpos / placeres / deseos del Heterocapitalismo Mundial Integrado

Ludditas Sexxxuales

para Madison Young y Belladona por enseñarnos a coger
a Sandra Romain por sus formidables pies anti- Cenicienta

El porno es la teoría y la heteronorma su práctica. Esta provocativa frase tiene su fundamento en el alto poder disciplinador y productor del deseo de la industria pornográfica. Lo propio del porno dominante y mayoritario, tanto visual como audivisual, aquel que se encuentra sin dificultad alguna en el videoclub, en kioscos de revistas o en los sitios de mayor acceso en internet, para su visualización y descarga, es el control y programación del binomio placer / deseo a través de la gestión política del así llamado “circuito excitación-frustración” por la filósofa Beatriz Preciado. La actual fase del capitalismo postindustrial (las “sociedades de control” deleuzianas), que denominamos heterocapitalismo global integrado o heterocapitalismo cognitivo, se caracteriza por la producción y control de las subjetividades, un tipo de producción que, siguiendo los argumentos de Félix Guattari, no tiene lugar únicamente en el orden de la representación, sino también, y sobre todo, en la “modelización de los comportamientos, la sensibilidad, la percepción, la memoria, las relaciones sociales, las relaciones sexuales, los fantasmas imaginarios, etc.” En este marco, las configuraciones somaticopolíticas de género presentan a los cuerpos biopolíticamente asignados al sexo “varón” como penetrator universalis naturalis.
En la actual guerra en curso el sexo constituye uno de los enclaves estratégicos en las artes de gobernar, consideración que inscribe su genealogía en el escenario de la Revolución Francesa, donde la reproducción sexual se entiende como una de las maquinarias de lo social. De allí que el cuerpo social esté organizado reproductivamente, es decir, para producir vástagos (el famoso ejército de reserva sobre el cual advertía el discípulo de David Ricardo) y que toda sexualidad no reproductiva se convierta en objeto de control, vigilancia y normalización, como ha explicado lúcidamente Miche Foucault. En tal sentido, el género como ideal regulatorio de construcción de la corporalidad, el sexo y los dispositivos de la sexualidad, pasan a formar parte de los cálculos del poder, de modo que el discurso (los sistemas de signos) sobre la masculinidad y la feminidad y las técnicas de normalización de las identidades sexuales se transforman en agentes de control y modelización de las formas-de-vida en las que esos cuerpos se expresan. Por ejemplo, femenino y masculino ya no son un set de conductas sociales aplicadas conductivistamente sobre un cuerpo dado, sino que se trata de ficciones políticas que encuentran en la supuesta biosubjetividad individual su soporte somático, su lugar donde encarnar, en el sentido etimológico del término. Se trata de dispositivos totales de masculinización y feminización que conjugan lo audiovisual, lo hormonal, lo literario, etc., como complementos “naturales” de unas supuestas feminidad / masculinidad de nacimiento.
Parafraseando al grupo insurreccionalista Tiqqun, frente a la “evidencia de la catástrofe,  están las que se indignan y las que toman nota, las que denuncian y las que se organizan. Nosotras estamos del lado de las que se organizan”. La capacidad didáctica-conductiva de la pornografía y de las visualidades de género que ésta conlleva, constituye, más que una suerte de destino definitivo y cancelado en su operatoria, un potencial disruptivo susceptible de ser reapropiado y resignificado. ¿Por qué abolir sin más un arma que se probó tan efectiva? En efecto, si la pornografía es, como sostiene Preciado, un dispositivo de subjetivación arquitectónico mediático y de producción de lo privado y doméstico como espectáculo, es posible concebirla como “una representación de la sexualidad que aspira a controlar la respuesta sexual del observador…” mucho más que a representarla.
A grandes rasgos, podemos reconocer que la pornografía que se impone comercial o popularmente, tiene un marcado acento autoritario que reproduce las normas policiales de género. Se establecen de este modo códigos muy precisos de lo que un cuerpo puede o no puede hacer según su bio-asignación política sexo-género. La pornografía aparece aquí como un género en su sentido anfibológico: como producción artístico-somática. Produce así formas visibles / vivibles de genitalidad (penetración, felación, eyaculación masculina) y privilegia la producción de placer del ojo heterosexual (straight eye). Con ello inventa y sofistica estéticas y coreografías de la sexualidad donde el cuerpo y su genitalidad se recorta de acuerdo a sus funciones reproductivas (y reproductoras) -este agujero para penetrar, esta boca para recibir cumshot.
De allí que, como arma, no se trataría tanto de destruirla sino de resignificarla y reutilizarla mediante la visibilización de prácticas, corporalidades, sexualidades, géneros y  agenciamientos sexo-afectivos que atenten contra el orden de las cosas, especialmente la heteronorma. La lógica ácrata de intervención postpornográfica considera que el Estado no puede protegernos de la pornografía, puesto que la pornografía forma parte de los cálculos del biopoder regulados y auspiciados por el mismo Estado.
Recordando el dictum de Deleuze en Post-scriptum sobre las sociedades de control, se trata de buscar nuevas armas. Entre ellas, el postporno se propone inventar otras formas compartidas, colectivas, visibles, abiertas de deseo, un copyleft de la sexualidad que supere el estrecho marco de representación pornográfica dominante y el consumo sexual normalizado, que siendo sexualmente activo, cuente, como su hermano heterocapitalista, con la capacidad de modificar la sensibilidad y la producción hormonal mediante un movimiento de apropiación. Poniendo en marcha un devenir público y político de aquello que se construye como privado y vergonzante, es decir de montar una “máquina de guerra” deseante contra el heterocapitalismo. El porno constituye un sistema semiótico abierto o al menos fisurado al que hay que atacar e infectar con reflexión crítica en el uso de los placeres y en la reprogramación de los deseos, mediante una proliferación de la semiosis cual hackers del sexo-cuerpo, a través de la acción directa, desterritorializando la sexualidad y abriendo devenires de los cuerpos que hagan estallar los ordenamientos disciplinarios de sexo / género en sus recortes territoriales dominantes. Así, la pospornografía constituye una apuesta por desmontar y viralizar el marco de representación pornográfica dominante, parodiando incluso la utilización de la figura protagónica central que la pornografía industrial también utiliza a la vera del arte legitimado: parodiar la porno star (desde Ciccolina hasta Tracy Lords, pasando por la neumática Pamela Anderson, tal como lo hace por ejemplo Jemma Temp) que a su vez es una parodia degradada de la actriz legítima que se saca la ropa en cámara (Kim Bassinger). Cuerpo público de la actriz porno al que todxs frustradamente deseamos acceder, pero cuyo uso está vedado sólo en la representación visual.
Como ha señalado Javier Sáez, “El porno es un género (cinematográfico) que produce género (masculino / femenino). El posporno es un subgénero que desafía el sistema de producción de género y que desterritorializa el cuerpo sexuado (desplaza el interés de los genitales a cualquier parte del cuerpo)”. Podríamos sostener que emerge entonces un agenciamiento postpornográfico, no ya como mero consumidor o reproductor del lenguaje sexual dominante que le es dado y frente al cual pasivamente se entrega cual cuerpo dócil, sino en tanto plataforma de enunciación política e insubordinación crítica que pone en cuestión (para dinamitarlos) los códigos de género y sexuales dominantes. Cabe preguntarse, asimismo, cuándo también pondrá en jaque a las identidades que, en las actuales disputas de poder de los movimientos que albergan estas prácticas, se erigen como pornstars y divas teóricas de la disidencia, en pos de la disolución de los yoes y los egos.

Bibliografía

- Gilles Deleuze. “Post-scriptum sobre las sociedades de control”, en: Christian Ferrer (comp.) El lenguaje Libertario, La Plata, Terramar, 2005.
– Michel Foucault. El orden del discurso, Barcelona, Tusquets, 1999.
– ………………… Historia de la sexualidad 1. La voluntad de poder, Buenos Aires, Siglo XXI, 2002 [1976]
– Félix Guattari. Plan sobre el planeta. Capitalismo mundial integrado y revoluciones moleculares, Madrid, Traficantes de sueños, 2004.
– Ludditas Sexxxuales. “Teoría queer y el deseo como máquina de guerra”, en: destructorasdemaquinas.wordpress.com, 2011.
– Beatriz Preciado. Testo Yonqui, Madrid, Espasa, 2008.
– ………………….. Pornotopía, Barcelona, Anagrama, 2010.
– Tiqqun. Llamamiento, Buenos Aires, Folia, 2010.

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